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No es fácil ser un perro

No es fácil ser un perro
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Texto: Enrique Solís Álvarez.Director Técnico y Adiestrador de LealCan. www.lealcan.com

Educar a un perro… no es esperar a que cometa un error para luego corregirle. Eso crea frustración y miedo en el perro. Educar es evitar que el perro cometa errores y premiarle mientras se porta bien.
Todos los que tenemos perro lo hemos llevado a casa esperando que sea un compañero de por vida, y que siga nuestros pasos, vayamos dónde vayamos. Un compañero fiel que nos entienda cuando tenemos estrés o cuando estemos tristes y que se adapte a cualquier situación de nuestra vida diaria.

Lo que muchos no sabemos: ¡Todos tenemos el mejor perro del mundo!

Me pregunto: ¿por qué muchos complican tanto la educación de su perro?

Todos cometemos errores y luego nos damos cuenta de que el perro iba por buen camino y ya lo sabía casi todo, antes que nosotros.

EMPECEMOS CON LA EDUCACIÓN DEL CACHORRO

Una perra cría a sus cachorros en un sitio seguro. Pueden moverse libremente, jugar, aprender y solamente tienen que seguir unas reglas claras establecidas por la madre.

Cuando el cachorro viene a nuestra casa, su vida cambia drásticamente. De repente hay cientos de tabúes.

Los huesitos de piel de vaca son para jugar, pero mordisquear los zapatos de diseño (del mismo material) provoca un grito de indignación y un ¡NO! muy fuerte del guía.

Dudo mucho que un cachorro de pocas semanas de edad sea capaz de entender la diferencia entre un hueso y un zapato de piel.

Mientras estuvo con sus hermanos y con su madre, hacer pis en la habitación donde vivieron estaba bien, en cambio hacer pis en el salón de su nueva casa provoca un castigo desmesurado por parte del guía.

Jugando en camada, el cachorro aprendió a ‘ganar’ un juguete y llevárselo corriendo. Lo defendió gruñendo a cualquiera de sus hermanos que se acercaba para quitárselo.

Si hace lo mismo con su nuevo guía, mientras éste se acerca para quitarle el trapo de la cocina que acaba de ‘ganar’, se le acusa de ser agresivo y dominante.

Por supuesto debemos enseñarle a nuestro perro desde el principio nuestras reglas y los límites que vamos a establecer. Un perro debe hacernos caso y respetarnos, debe saber que nosotros tomamos las decisiones.

Pero ¿es necesario castigar al perro por hacer ciertas cosas? ¡No! No es necesario que el cachorro tenga malas experiencias asociadas con nosotros.

Si tenemos un niño pequeño en casa, es evidente que los estantes a su alcance están vacíos, que los armarios están cerrados y que no hay nada por el suelo que pueda ser peligroso para el niño.

Si le quitamos al cachorro el calcetín de la ropa sucia por décima vez, y nos enfadamos con él, lo único que aprende este es que, al encontrarse algo fascinante, nos tiene que tener muy vigilados, ya que la única manera que tiene para descubrir cosas nuevas es hacerlo a nuestras espaldas y tragárselo de golpe cuando le pillamos “in fraganti”, con el consiguiente peligro que supone, si le crea una obstrucción intestinal.

¿Quién no conoce al perrito que nos pasa corriendo a toda velocidad, con algo colgando de su boca?

Y al oírnos – ya ligeramente irritados – decir: ‘¿Qué es lo que tienes allí?’, huye y se esconde en un rincón lejano.

¿Y entonces?

Nada más llegar el cachorro a un sitio seguro con su nuevo descubrimiento, vamos nosotros detrás de él, le sacamos por debajo del sofá y le quitamos su ‘tesoro’. Ese momento, para el cachorro, será cómo el fin del mundo.

Él había superado su miedo, se había acercado a un objeto amenazador, y se le regaña por su ‘espíritu de conquistador’. Para colmar esto, al huir – por miedo – a un lugar seguro, se le castiga por su comportamiento.

En algún momento, cuando ‘dejamos las cosas claras’ (lo que nosotros consideramos un tono algo serio, para el perro puede ser una amenaza), un perro miedoso empezará a echarse al suelo de manera sumisa (Y pensamos: ‘¡Ah, se siente culpable!’) y… ¿qué hace el perro que tiene más autoestima?

El, al verse arrinconado con su ‘tesoro’, algún día ya no verá otra opción que defenderse.

Para los perros solo existen tres opciones al sentirse amenazados: huir, atacar o comportamiento de sumisión pasiva.

Pero no es necesario que el perro aprenda de sus errores. Es posible quitar de en medio todas las cosas que puedan provocar un comportamiento no deseado.

Todos aprendemos mucho mejor y con más alegría si solamente hay experiencias positivas y recompensa.

Entonces, ¿para qué usar el método ‘ensayo / error’ en el aprendizaje?

No hace falta provocar que se equivoque. El perro siempre mostrara su comportamiento típico y previsible. Si le conocemos a él y a su especie, es fácil enseñarle a hacer las cosas bien desde el principio.

Me parece obvio que no es fácil ser un perro, si miramos al mundo a través de los ojos de un cachorro recién llegado a una casa extraña.

Aunque no debe de ser difícil para nosotros establecer unas pautas y reglas fijas que faciliten al perro orientarse en este mundo extraño al que acaba de llegar:

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