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Gos d’Atura Català: Origen

A pesar de esto, no se tiene certeza del origen de esta raza. No se ha podido establecer el momento en el que comenzó a ser utilizado por los ganaderos y pastores. Los que han estudiado su historia han seguido la pista de los perros pastores medianos y pequeños, de pelo abundante y colores pardos, que se extendieron por Europa, como el Pastor de Brie o el de Picart, perros de una antigüedad que se remonta incluso hasta el siglo VIII de nuestra era, cuando artistas franceses incluyen en sus obras pictóricas perros similares a estas razas francesas y que muchos incluyen en el tronco racial de los antecesores del Gos d’Atura Català.

También hay quien se aleja más en el tiempo y sostiene que los perros que trajeron las tropas del Imperio Romano fueron cruzados con ejemplares locales y de ahí surgió el primigenio Gos d’Atura. Teorías que no van mucho más allá de eso, la simple teoría, pero que nos permite remontarnos hacia los posibles caminos que siguió la raza hasta convertirse en el perro más apreciado por los pastores del Pirineo catalán para guiar y guardar a sus ovejas.

En la historia más reciente de la raza, encontramos varias referencias de autores que quedaron maravillados con el trabajo de estos perros y así lo reflejaban en sus escritos.

Entre ellos, destacamos a Salvador Vilarasa, autor de la obra «La vida dels pastors», de 1934, que se refiere a estos perros de la siguiente manera: «Perros peludos de una raza especial que los pastores usan para parar las ovejas y guardar el rebaño. En gran parte sustituyen a los rabadanes (aprendices de pastor) (…) Ahora con los gossos d'atura, habiéndose perdido los lobos, los pastores están mucho más descansados, pero también se ha perdido una cosa bien típica o sea, los perros ganaderos, que eran de una casta muy grande y los había en todas las casas que tenían rebaño».

BUENOS Y TERRIBLES MOMENTOS PARA LA RAZA

La raza se extendió por toda Cataluña, desde los enclaves altos en los que pastaban los rebaños, gracias a la trashumancia. Cuando se aproximaba el invierno, las ovejas eran conducidas a las planicies de Lleida y a las cotas más bajas, cerca del mar, para pastar y esperar a que la primavera despejara el suelo pirenaico de las nieves. Y es en estas bajadas a estas tierras cuando un perro conductor de ganado se hacía imprescindible, sobre todo a la hora de impedir que el rebaño pisara los sembrados y los huertos que encontraban a su paso en estos terrenos.

El siglo XX supuso un serio varapalo para la raza. Durante las siete primeras décadas fueron muy pocos los perros inscritos de manera oficial en los registros, y la cría lejos del trabajo con el rebaño era poco más que testimonial.

Además, la economía agraria iba cediendo terreno a la urbana, y la globalización fue acercando razas foráneas que fueron muy valoradas por el pastor nacional. De esta triste manera, el Gos d’Atura llegó a una situación límite, como ocurrió como con otras muchas de nuestras razas, que fueron sustituidas por perros extranjeros que para nada cumplían mejor en las funciones que desempeñaban.

Esto desembocó en la práctica desaparición del Gos d’Atura.

Afortunadamente, como también sucedió con otras razas, un grupo de entusiastas de la raza comenzó un trabajo de recuperación a partir de la búsqueda de ejemplares residuales, que habían sido mantenidos en pocos enclaves, tanto de la montaña pirenaica como de los terrenos más bajos que antes comentábamos.

Mediado el siglo pasado se consiguió dar un impulso que resultó trascendental para el devenir de la raza. Nos referimos al gran trabajo elaborado por Joaquim Capdevila i Pons en su tesis doctoral, centrada en la raza.

Éste fue el comienzo de la recuperación de la raza. A partir de este punto, el Departamento de Zootecnia de la Facultad de Veterinaria de Madrid crea una perrera experimental importando ejemplares de Girona y de Ripollés.

Años más tarde, a partir de estos perros, Josefina Ávila Cantariño redacta la segunda tesis que se ha hecho sobre nuestra raza, ya en 1975: «El Perro de Pastor Catalán: (características morfológicas y funcionales del Gos d'Atura)», un completísimo trabajo que, junto al de Capdevila, sirvieron de guía a los que posteriormente han seleccionado y trabajado por y para la raza.

Uno de estos criadores, al que podemos tildar como el mayor exponente de esa recuperación racial, es Àngel Jorba, del afijo Lakètania, que desempeñó un profuso trabajo durante la década de los 70 a partir de una búsqueda concienzuda de ejemplares típicos en zonas del interior Leridano. A partir de su gran labor, la mayoría de los mejores ejemplares de la actualidad cuentan con genética proveniente de este criadero.

Texto: Antonio López Espada.

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