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«Oj Soet Ayene Kampala Ridgeback». Prop.: Faye Sweeney.
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«Oj Soet Ayene Kampala Ridgeback». Prop.: Faye Sweeney.

Rhodesian Ridgeback, cazador de grandes felinos

Foto José Ignacio Cembellín López.
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Foto José Ignacio Cembellín López.

Este perro no tardó en demostrar su enorme valía como cazador de leones y otros grandes felinos, como el leopardo, a los que rastreaba con gran eficiencia, y lo más llamativo era que tan sólo dos o tres de estos perros eran capaces de enfrentarse a toda una manada de leones y hacerla huir y dispersarse para seguir al ejemplar elegido y poder darle caza cuando se encontrase solo, sin el abrigo de los demás miembros de la manada.

En el rastreo, se muestran infalibles, muy capaces de seguir al león o al leopardo, salvando las tretas que éstos pudieran poner en práctica para intentar dejar atrás a los perros, como los grandes saltos que puede dar un leopardo, difuminando su rastro, o subiéndose a un árbol para despistar a las narices de sus perseguidores. Una vez localizado, lo persiguen a una velocidad muy alta, insalvable para la presa, que acaba cansada e intentando ocultarse entre la vegetación. En este punto, los Rhodesian acorralaban al felino, cortando sus intentos de escabullirse, y ladraban escandalosamente para indicar a los cazadores su situación exacta.

Otro europeo afincado en Zimbabwe, Francis Richard Barnes, criador con el afijo Eskdale, reunió ya en 1922 a un grupo de criadores y propietarios de Rhodesian Ridgeback para crear el estándar que señalaría a partir de entonces la dirección que debía tomar la raza morfológicamente. Dos años después fue reconocido el Rhodesian Ridgeback Club por parte del South African Kennel Union, y unos meses después, ya en 1925, se inscribieron los primeros ejemplares de manera oficial en los libros de orígenes.

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