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Mi perro no me deja comer en paz

Mi perro no me deja comer en paz
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Seguro que todos hemos visto algún ejemplar: sutil, descarado, babeante, agresivo, etcétera, y todavía recordamos lo muy molesto e inaceptable que nos resultó (una de esas cenas «inolvidables», y no precisamente por agradables).
En ocasiones este comportamiento pasa desapercibido o es aceptado por los miembros de la familia, que lo consideran como algo «normal» e inicialmente gracioso incluso, pero se pone de manifiesto en toda su gravedad (y de forma muy embarazosa) en presencia de los invitados.

Es entonces (una vez establecido) que nos decidimos a ponerle remedio y, como siempre, nos toca ir a la carrera e invertir mucho más tiempo y paciencia (recordemos que modificar un comportamiento siempre resulta mucho más laborioso y difícil que establecerlo inicialmente).

La incorporación del perro a nuestros hogares, como un miembro más de la familia, la mayoría de nuestros perros ya comen una dieta seca, con piensos equilibrados que contienen todos los nutrientes que necesitan sin que se requiera suplemento alguno. Pero esto no quiere decir que nosotros, los propietarios, estemos convencidos de esto y, por lo general, nos entra el cargo de «conciencia» y le damos vueltas a la cabeza poniéndonos en el caso y causa de nuestro perro y consideramos que tiene que ser algo muy aburrido tener comida con ese único sabor y textura un día tras otro. Nos entran los remordimientos y nos parece imprescindible añadir los restos de nuestra dieta al cuenco de nuestro perro («si es bueno y rico para nosotros también lo será para nuestros perros» parece ser nuestra justificación final). Nos sigue pareciendo que no pasa nada por darle a nuestro perro los restos de nuestra comida, creemos que será mucho más feliz comiendo esos exquisitos restos que le damos (incluyendo huesos de todo tipo con los altos riesgos que eso conlleva). Desde luego qué a ellos, los perros, les encantan esos extras en la dieta y esos nuevos sabores (esos ricos olores que salen de nuestros platos) aunque no siempre les sienten bien a nivel físico (diarreas, alimentos poco saludables, obesidad…, si tienes alguna duda consulta con tu veterinario) y mucho menos a nivel de comportamiento (basurero, mendigando comida, ansiedad, problemas de control…).

Una vez que prueban esos alimentos extra comienzan a descontrolarse. Pierden el interés por la comida seca, llegando a rehusarla a la espera de los añadidos con la consiguiente alteración de las rutinas a la hora de las evacuaciones. A nivel de comportamiento se crea un estado de ansiedad que mantiene a nuestro perro a la expectativa y búsqueda de esos extras, se quedan enganchados, obsesionados, poseídos y buscan con tenacidad una segunda experiencia que, de producirse, sobre todo si es ocasionalmente, reforzará con más intensidad ese comportamiento de demanda. En casa estarán en permanente estado de alerta ante el menor ruido de una bolsa de plástico o el choque del cuchillo contra el plato (qué angustia).

En realidad nuestros perros no tienen esa necesidad de comidas de distintos colores, sabores o texturas, es otra de esas extrapolaciones de los humanos (antropomorfismo).

Los perros soportan perfectamente esas dietas «monótonas» (tan cómodas por cierto para sus amos) siempre que sean equilibradas y les aporten todos los nutrientes que necesitan. Esas dietas equilibradas ayudan a mantener un buen estado de salud, un peso corporal equilibrado, a tener una mayor longevidad y a la estabilidad emocional y aún así son muchos los propietarios que siguen sin ser capaces de controlarse.

Por lo general los problemas comienzan a surgir cuando le
ofrecemos restos de comida de nuestra mesa, o cuando
algún miembro de la familia, de forma sistemática,
le ofrece los restos de comida del plato,
por debajo de la mesa

Luego el perro comienza a demandarla y se convierte en uno de esos típicos problemas de comportamiento que creamos los humanos (queriendo mostrar nuestro cariño por el animal). Problemas que inicialmente no existían o resultaban muy fáciles de prevenir (con normas claras y respetadas por todos los miembros de la familia: «No» es «No») que impedirían confusión en el perro, y que luego nos resultan inaceptables, irritantes incluso, por lo que corregimos a nuestro perro o tenemos que ponerlo en estrictos programas de modificación de la conducta (para volverse locos, vamos).

Una vez que tienen la experiencia de recibir nuestros alimentos de la mesa, luego la demandan, la roban o la buscan de forma obsesiva (tanto en casa como en sus paseos por la calle o la suelta en el parque) y todo ello los expone y puede llevarlos a situaciones peligrosas (tirones y correcciones, envenenamientos, atropellos, etcétera).

Así que, una vez más, todos los implicados en el manejo del perro tenemos que tener muy claro que lo más importante es prevenir (no facilitarle esa primera experiencia). Ya todos sabemos que los perros establecen rápidas y fuertes asociaciones y esta es una muestra más de lo rápido que pueden llegar a aprender: «me quedo por aquí cerca que hay muchas más probabilidades de que me caiga algo muy apetecible», y más cuando por medio hay algo que les motiva enormemente (en este caso nuestra comida).

Pediremos la colaboración de todos los miembros de la
familia y amigos para que dejen de darle comida al perro

CORRECCIÓN DEL COMPORTAMIENTO
Si nuestro perro ya presenta este comportamiento de demandar comida, lo primero que tendremos que hacer es ver en qué situaciones se produce, cuándo recibe comida fuera de sus tomas establecidas.

Si tenemos niños pequeños en casa que están «experimentando» con las destrezas de cuchillo y tenedor y queriendo compartirlo todo con su amigo tendremos que prestar especial atención. Si el perro no tiene un nivel de obediencia básico suficiente podemos dejarlo encerrado con un juguete o un hueso en otra habitación durante las comidas (de ese modo todos estaremos más tranquilos y podremos disfrutar sin tener que levantarnos o enfadarnos) hasta que mejoremos el nivel de control. Si nuestro perro tiene un buen nivel de obediencia podemos pedirle que se vaya a su sitio, a cierta distancia de la mesa pero en un lugar desde donde pueda vernos; al final de la comida nos acercaremos para premiarle por su buen comportamiento, pero si trata de moverse, reptar para aproximarse, deberemos recordarle la orden inicial y volverlo a su sitio.

Estos son comportamientos incompatibles con el que deseamos erradicar, por lo que si nuestro perro nos obedece le será imposible demandar comida en la mesa, lo que evita que el perro tenga la oportunidad de recibir refuerzo alguno o que algún miembro de la familia caiga en la provocación y sobre todo evitamos tener que regañarle.

Un momento especialmente delicado es el de la merienda de los niños pequeños, ya que estos no tienen reparo alguno en compartir sus alimentos (sobre todo si no tienen mucho apetito) con su amiguito y el amiguito está más que dispuesto a acercar su frío hocico a ese tentador trozo de comida que le queda justo, justo, a su altura y que puede alcanzar sin mucho esfuerzo. Así que no los deberemos dejar solos y sin supervisión. Si el perro está presente le pediremos que se eche y permanezca quieto (le premiaremos por mantener la posición) y controlaremos que el niño no se acerca a provocarle y tentarle.

Nunca dejaremos comida al alcance de nuestro perro, ni durante el proceso de preparación ni durante la comida ni una vez terminada la misma (el cubo de basura estará cerrado y en un lugar al que el perro no tenga acceso).

Si el perro se acerca a demandar comida, tocándonos con su hocico, dándonos con la pata, mirándonos con cara de pena, hambre y necesidad más absoluta (totalmente fingida claro) o ladra demandando atención, deberemos ignorarlo (ni miradas ni palabras ni atención alguna) y si persiste llevarlo a otro lugar de la casa mientras dura la comida (lo dejaremos con algún juguete que pueda mordisquear y que le ayude a sobrellevar su ansiedad).

Para poder controlar a nuestro perro en presencia de alimentos haremos el ejercicio de rechazo de alimentos.

Bibliografía

¡No lo mates..., enséñale!; Karen Pryor; Kns Ediciones.

Esta obra es fundamental para adentrarnos en el arte de enseñar y adiestrar a nuestro perro aplicando el moldeado, el reforzamiento positivo y técnicas de modificación de la conducta...

Bibliografía

Un cachorro en casa; Ian Dunbar; Kns Ediciones.

Has decidido tener un perro, ¿y ahora qué? Este libro resuelve dudas fundamentales sobre cómo seleccionar al cachorro, dónde adquirirlo, cuáles son las etapas de su desarrollo, cómo educarlo y cuándo comenzar. El autor plantea un método de trabajo basado en el reforzamiento positivo con las prioridades fundamentales de la socialización temprana del cachorro y la inhibición del impulso de morder...

MEDIDAS A TOMAR
La primera y más importante es: prevenir, prevenir, prevenir, nunca mejor que en este tema, es el camino para evitar que se produzca el problema. Empezando desde cachorro, dejándole muy clara la norma.

Ser sistemático y no dar opción a que tenga una primera oportunidad.

En este proceso toda la familia tiene que tener clara la norma que deberá mantener siempre. Si unos miembros de la familia la respetan y otros no, lo único que lograremos es crear confusión en nuestro perro.

Tampoco entenderán si lo hacemos los domingos o las fiestas de guardar (o alguna otra ocasión especial que se nos ocurra). Tenemos que recordar que No es No, Siempre es Siempre y Nunca es Nunca (en esto consiste el ser sistemático. Las normas están hechas para que nuestro perro las comprenda, teniendo en cuenta sus capacidades).

En segundo lugar estableceremos rutinas concretas para darle la comida. Pondremos un horario para darle su ración y únicamente en esas horas recibirá su comida, en el cuenco (por lo general mañana noche; tan sólo si utilizamos la comida en las sesiones de adiestramiento le estarán permitidos extras).

Personalmente prefiero no darles restos de comida, pero si vas a hacerlo (aún sabiendo sus consecuencias) hazlo sólo dejándolos en su cuenco de comida, mezclados con su ración y en las tomas establecidas.

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