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Cómo evitar los ladridos del perro

Cómo evitar los ladridos del perro
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Ladrar es algo completamente normal y saludable en el perro, está vivo y alerta de lo que ocurre en su entorno

El problema con los humanos se plantea cuando los ladridos del perro son potentes, demasiado frecuentes y en un momento no deseado para nosotros. Como siempre, en estos casos la mejor cura está en la prevención, en un buen trabajo de socialización, manejo apropiado y aplicación de las adecuadas técnicas de adiestramiento.
A continuación presentamos alguna de las soluciones que podemos plantearnos para cada una de las causas más frecuentes de ladrido.
Por aprendizaje
Lo primero es evitar potenciar en el cachorro el comportamiento de ladrar, que inicialmente tanto nos divierte y que muy pronto nos vemos incapaces de controlar, ya que el cachorro tiende a generalizar este aprendizaje (no sólo ladra en la situación que le hemos enseñado sino que también lo hace como primer recurso para conseguir lo que desea).

Tenemos que esforzarnos para que no obtenga lo que demanda con sus ladridos (nuestra atención, que se aleje el intruso, recibir comida, etcétera). En teoría aquellos comportamientos que nunca se refuerzan (no reciben premio alguno) terminan por desaparecer (por improductivos).

No obstante, deberemos tener presente que el ladrido, en muchas ocasiones, se retroalimenta (el perro ladra para aliviar la tensión y el ladrido le causa mayor ansiedad) y autorefuerza (ladra y alivia estrés, «consigue» que el intruso se aleje) por lo que resulta que este lenguaje aprendido es muy difícil de suprimir (extinguir).

Por recelo o sospecha
En aquellas situaciones en las que nuestro perro está inseguro, ladra. También el ladrido puede ser un aviso de que hemos sido detectados y no debemos sobrepasar el área crítica (ese espacio imaginario, de seguridad, que rodea al perro) a riesgo de que... tenga que enfrentarse a nosotros, mordernos, o bien poner tierra de por medio... salir corriendo (miedo); además, puede mostrar una reacción instintiva ante un sobresalto ante algo que aparece de forma repentina e imprevista y lanzar unos impulsivos ladridos.

Este tipo de ladrido aparece con mayor frecuencia en aquellos individuos con una pobre familiarización y socialización en la etapa de cachorros, por lo que el mejor modo de prevenir esta reacción es invertir tiempo para habituar al cachorro, desde las primeras semanas, a todo tipo de entornos y situaciones. (En los casos más graves es posible que el perro tenga muy limitadas las áreas por las que puede pasear, y será necesario que lo llevemos siempre con correa).

En los casos de recelo, si nuestro perro ladra podemos llamarlo, tranquilamente, a nuestro lado y acercarnos nosotros, en silencio, a la fuente del sonido calmando al perro, si fuera necesario podemos agacharnos para que la situación resulte menos intimidante para él.

Luego podemos acercarnos y alejarnos varias veces pero sin poner tensión a la correa.

Gritarle o corregirle con la correa cuando se muestra inseguro tan sólo aumentará sus miedos y tendrá una nueva razón para ladrar en esas situaciones: el temor inicial y el temor a las correcciones del amo.

Por simpatia
Típica situación de perreras o de hogares en los que hay más de un perro. Uno de ellos oye un ruido que no es capaz de localizar o identificar claramente y ladra (no vaya a ser que...).

Si tenemos varios perros y reaccionan de este modo con mucha frecuencia, observaremos si siempre es el mismo el que da la primera señal de alarma. De ser así realizaremos un chequeo físico del perro, para comprobar que no tiene problemas de audición ni visuales. Descartados los problemas de salud pondremos a los perros en un lugar que tenga una mejor visibilidad de las puertas de entrada o los lugares principales de acceso (de portero). Toda la familia puede ayudar haciendo clara y notoria su llegada y presencia, para que no exista confusión para el perro. En los bloques de perreras tradicionales, deberemos reorientar la disposición de acceso al bloque de forma que los perros puedan identificar de inmediato a quien entra, y también podemos hacer algún sonido con el que nos identifique el perro.

Por ansiedad
Es un comportamiento que encontramos con frecuencia en los perros de las perreras o en perros con un fuerte apego por sus amos (ansiedad por separación).

En el primer caso podemos aliviar o erradicar por completo el problema si le proporcionamos al perro un entorno menos estresante (limpio, sin ruidos, espacioso, con temperatura adecuada, con un adecuado manejo...) y más enriquecido (con actividades y juguetes que le estimulen).

En el segundo caso nos encontramos con un problema más complejo que requiere que le enseñemos al perro a aceptar nuestra ausencia; comenzaremos por períodos cortos que iremos incrementando, ignoraremos al perro media hora antes de salir y durante media hora desde nuestra llegada, evitaremos las despedidas efusivas, etcétera. Es aconsejable «dejarle actividades» que lo mantengan entretenido en nuestra ausencia (por ejemplo, juguetes rellenos escondidos por la casa).

Agresivo
El perro seguro y confiado que se planta y ladra para protegerse, él o sus posesiones, ante cualquier cosa o situación que percibe como una amenaza.

En estos casos, lo mejor es poner el comportamiento bajo control por el estímulo (básicamente enseñarle al perro a ladrar y callarse a la orden), tener un buen grado de obediencia y cortar la situación antes de que el perro se arranque.

Por demanda de atención
Este tipo de ladrido suele establecerse por aprendizaje. El perro ladra una primera vez y consigue que le abramos una puerta o le dirijamos una mirada o unas palabras. Luego el perro persistirá y persistirá en sus ladridos hasta conseguir lo que desea.

El mejor modo de corregir este problema es prevenirlo, ignorar esos primeros ladridos «tan graciosos, sólo le falta hablar».

Si persisten deberemos ser muy firmes, no prestarle atención cuando ladre y tan sólo hacerlo cuando está callado. Tenemos que fortalecer otros comportamientos alternativos incompatibles con el ladrido, por ejemplo portar algo en la boca.

Para algunos perros, que el amo les grite o corrija por ladrar supone un refuerzo, algo preferible a que le ignoren. Por esta razón deberemos prestar mucha atención para evitar reforzar el comportamiento.

Por aburrimiento

Suele presentarse, por falta de estimulación mental, en animales que se encuentran solos durante demasiadas horas al día.

La solución pasa por el enriquecimiento del entorno con actividades y juguetes con los que se pueda entretener cuando está solo, por dedicarle más tiempo y atención, mejorar las condiciones del entorno y ofrecerle salidas largas en las que pueda hacer ejercicio.

De excitabilidad
El perro es incapaz de controlarse ante las expectativas de algo especialmente placentero: la invitación e incitación al juego, típico de los cachorros «exigiendo otra partida más» a la madre o a los hermanos de camada; o la llegada de algún miembro de la familia o de las visitas cuando realizan alguna actividad especialmente placentera para ellos (seguir un rastro por ejemplo).

En estos casos deberemos adoptar una actitud calmada, evitar premiar al perro hasta que no se sienta durante unos segundos. En algunos casos puede ser necesario el mantenerlos con la correa para cortar esos picos de excitabilidad.

Otra opción que podemos utilizar para controlar los ladridos es la aplicación de un sonido repentino que distraiga su atención en el momento en que se dispone a ladrar; cuando se pare esperar en silencio unos segundos antes de premiarlo.

En el caso de que tengamos el problema de los ladridos con un perro adulto deberemos tener en cuenta que cuanto más tiempo haya estado el perro con este problema, más difícil nos resultará superarlo y mayores serán las probabilidades de que se produzca una recaída ante alguno de los estímulos que desencadenan su comportamiento (estar solo, ruidos en el exterior de casa, etcétera).

No debemos olvidar nunca que, dentro de lo difícil que resulta, siempre será mucho más rápido y fácil enseñarle al perro el comportamiento deseado que modificar un comportamiento aprendido (tiene que «desaprender algo que le da resultado» y aprender algo nuevo). Una vez que tenemos el problema, los programas de modificación del comportamiento son lentos, requieren mucho tiempo y paciencia por nuestra parte y son frecuentes las recaídas antes de poder superar completamente el problema.

Para tener mayores garantías de éxito deberemos hacer el proceso tan lento y con tantas etapas intermedias como necesite nuestro perro para progresar y habituarse. Habrá ocasiones en las que necesitemos la ayuda de un colaborador.

Un cachorro en casa

Manual de comportamiento canino

¡Guau!

Bibliografía:
¡Guau!; Javier de Miguel; Editorial Áteles
Manual de comportamiento canino. Roger Abrantes.
Kns Ediciones
Barkstop; Terry Ryan
Un cachorro en casa. Ian Dunbar. Kns Ediciones.
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