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¿Hablan los perros?
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¿Hablan los perros?

Para los perros los ladridos son una forma mucho menos importante de comunicación que el lenguaje corporal o la marcación por el olor.

Los ladridos de un perro son lo más cercano a nuestras palabras y, realmente, podemos asemejarlos a ellas puesto que nuestra mascota trata de enviarnos un mensaje que podemos llegar a entender. Aunque parezca increíble, sus vocalizaciones tienen un significado que nos pueden ser de gran ayuda en muchas ocasiones y que llegaremos a identificar a medida que avancemos en nuestra relación. Sin embargo, el ladrido en muchos perros puede ser excesivo y, en este caso, habrá que investigar la causa y poner freno a una conducta que puede ser muy molesta; está en nuestras manos.

Para los perros los ladridos son una forma mucho menos importante de comunicación que el lenguaje corporal o la marcación por el olor. Los humanos, sin embargo, somos criaturas eminentemente orales y esperamos que suceda lo mismo con nuestras mascotas que, gracias a su convivencia con nosotros, han aprendido a adaptar sus vocalizaciones para otros fines distintos de los que tenían en un principio. Los ladridos, gemidos, aullidos y gruñidos forman parte de la comunicación canina. El perro es capaz de emitir diferentes tipos de sonidos dependiendo de la situación o de lo que quiera expresar pero, para comprender el significado del mensaje, hay que atender al resto de señales que emite el animal con su lenguaje corporal. Dado que los ladridos pueden expresar miedo, agresividad, frustración, hambre, excitación, nerviosismo y hasta felicidad, debemos aprender a diferenciarlos mediante la atenta observación de nuestro amigo.

Poco a poco, aprenderemos que un ladrido de saludo es diferente a uno de advertencia o al que utilizan cuando están jugando dado que varían en tono, frecuencia, intensidad y, en ocasiones, pueden ir combinados por gruñidos, gemidos o aullidos.

El propósito de los gruñidos es, por lo general, mantener alejados a otros animales o a personas pues son una reacción a una amenaza y varían según la agresividad y el miedo del animal. Los gemidos son los tonos más agudos que emiten los perros y los que normalmente utilizan los cachorros con el objetivo de llamar la atención de su madre. Cuando provienen de un adulto suelen ser señal de dolor o de que algo no le gusta y le produce incomodidad.

También los emplean cuando quieren algo, sobre todo si se refuerza esta actitud concediéndole sus exigencias.

El aullido es otra forma de comunicación que responde a factores puntuales. Así, puede ser debido a un sonido de alta o media frecuencia que para el perro es motivo de queja; se trata de un aullido normal que no implica sufrimiento. Sin embargo, hay otros aullidos que se producen por algún malestar.

Desde un punto de vista general, los ladridos de tono bajo indican tristeza, amenaza, incomodidad o principio de ataque mientras que los tonos altos están reservados para las emociones positivas como juego, sorpresa o alegría. Sin embargo, atentos, porque el gemido que emiten cuando durante un juego se les hace daño es un ladrido de tono alto que indica que debemos parar la acción, pues es su manera de someterse.

¿POR QUÉ NO SE CALLA?

A la mayoría de propietarios les interesa que sus perros ladren pues así se sienten protegidos. Por un lado, reciben una señal de alarma y, por otro, la presencia de un perro que se hace notar puede disuadir a posibles intrusos.

Pero si el ladrido no es momentáneo ante una posible amenaza sino que es constante, se convierte en un comportamiento negativo. La respuesta más natural por parte del amo es desgañitarse mandando callar al perro, castigarle o, incluso, recurrir a castigos físicos. Sin embargo, así no conseguirá nada. Lo que debemos hacer es intentar identificar la causa que origina los ladridos excesivos. El miedo, el aburrimiento, la soledad, la ansiedad o la protección del territorio pueden ser algunos de los motivos de este comportamiento.

La causa más común suele ser la soledad. Los perros son animales sociales y cuando se les mantiene apartados de la familia se sienten aislados, lo que les origina ansiedad que expresan ladrando. La solución es sencilla: permitir que el perro pase más tiempo con sus amos. Por otro lado, los animales muy territoriales reaccionan al mínimo estímulo exterior y ladran para proteger sus dominios o porque sienten miedo hacia cualquier cosa extraña que suceda en su entorno. Lo ideal para estos animales sería que no estuviesen demasiado expuestos a estos estímulos exteriores y que tratásemos de socializarlos lo más posible pues, los perros que han crecido sin contacto con personas, animales y que no han sido expuestos a las situaciones normales de la vida cotidiana, no tendrán un comportamiento equilibrado.

Otra de las causas que hacen que nuestro perro no pare de ladrar es la que se denomina facilitación social, que no es más que la imitación.

Es habitual que cuando un perro comienza a ladrar sea, inmediatamente, seguido por el resto de sus vecinos. Si estamos presentes podemos distraerle con un juguete o haciendo que ejecute una orden y reciba su correspondiente premio pero, si el perro está solo, lo único que cabe esperar es que el que ha iniciado el ladrido decida parar.

En el caso de que el ladrido excesivo se produzca cuando el perro se queda solo sin que haya un estímulo evidente, lo más probable es que se deba a que el animal se aburre o a que sufre lo que conocemos como ansiedad por separación.

En este caso, debemos proporcionarle suficientes juguetes que le mantengan entretenido y demasiado ocupado como para preocuparse por ladrar. Lo ideal sería que, desde cachorro, le hubiésemos acostumbrado a quedarse solo de forma gradual.

Ante todo, debemos entender que el perro no ladra para molestarnos puesto que su máximo deseo es complacernos y somos nosotros quienes muchas veces motivamos sus conductas negativas.

Estos animales aprenden muy rápido y si saben que cuando ladran consiguen que salgamos corriendo para darles su paseo o que les ofrezcamos comida por debajo del mantel, repetirán una y otra vez este comportamiento. No hay que ceder a estas llamadas de atención y, cuando se produzcan, debemos ignorarles pues así les enseñaremos que estas acciones tienen el efecto contrario.

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