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Foto cedida por AniCura.
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Foto cedida por AniCura.

Los sarcomas representan hasta un 15% de los tumores de piel diagnosticados en perros

Estos tumores, presentan un amplio abanico de sintomatología y, en ocasiones, supondrán un factor limitante en la vida del animal

miércoles 14 de julio de 2021, 12:33h
Los sarcomas de tejidos blandos son tumores de carácter maligno que suelen aparecer en zonas blandas como la piel y los órganos. Se trata, además, de uno de los tipos de cáncer más frecuentes en perros. De hecho, hasta un 15% de los tumores de cáncer de piel diagnosticados en perros corresponden a este tipo de neoplasias[1]. No obstante, el pronóstico de esta patología ha mejorado en los últimos años gracias al avance de los tratamientos de medicina veterinaria especializada.

“En esencia, un sarcoma de tejido blandos es un tipo de cáncer que se origina en células mesenquimales o células de tejido de soporte como células del subcutáneo, los huesos, el cartílago, el músculo o la grasa, etc.”, explica Ignasi Rodríguez, Oncólogo Diplomado por el Colegio Americano y Director del Servicio de Oncología de AniCura Glòries Hospital Veterinari (Barcelona). “Suelen encontrarse debajo de la piel o en las mucosas y se originan en los fibroblastos o en las células que dan soporte a los vasos sanguíneos y a los nervios”, comenta el experto.

Estadísticamente, los sarcomas de tejidos blandos son uno de los tumores de piel más frecuentes en perros representando hasta un 15% de los tumores de piel diagnosticados1. No hay una predisposición racial clara en perros y todas las razas son susceptibles de desarrollar sarcomas. En cuanto a su causa, al igual que el resto de los cánceres en perros, es de carácter genético, pues se produce por mutaciones en las células que llevan al crecimiento descontrolado de las mismas. Según el veterinario: “Estas mutaciones pueden ser heredadas de los progenitores o bien pueden ser adquiridas durante la vida del animal por exposición a sustancias cancerígenas, radiación, inflamación crónica, etc.”.

Para decidir qué tratamiento es el más adecuado, es fundamental valorar que otros órganos pueden estar potencialmente afectados y estudiar cómo es el tumor primario en relación a los tejidos vecinos. Para ello, se suele realizar una tomografía computerizada (TAC) de la zona afectada, ya que es una de las pruebas de imagen más precisas que hay disponibles en la medicina veterinaria especializada. Actualmente, el tratamiento de la mayoría de los sarcomas es mediante cirugía. También hay muchos tratamientos complementarios para minimizar el riesgo de recaída, como la radioterapia de la cicatriz o la electroquimioterapia del lecho quirúrgico, además de una batería de tratamientos paliativos que permiten controlar el dolor y los signos clínicos que produce el cáncer en los pacientes.

Cuáles son los signos del sarcoma de tejido blando

Los síntomas provocados por estos tumores dependen de su localización y estructura de origen. Por lo general, de manera inicial no producen dolor ni malestar y es el propietario quien los detecta al acariciar al animal. Sin embargo, en ocasiones pueden crecer de forma más invasiva afectando a los huesos y músculos profundamente, lo cual puede causar un abanico muy amplio de síntomas que puede ir desde dolor intenso con cojera y lamido de la zona a vómitos, pérdida de peso, apatía, sangrado abdominal, etc.

“En muchos casos, los tratamientos, si se aplican correctamente, pueden llevar a la curación o al manejo a largo plazo de la enfermedad”, apunta Ignasi Rodríguez. Sin embargo, son tumores que en ocasiones supondrán un factor limitante en la vida del animal y es clave recurrir a un experto oncólogo para asegurar que el paciente mantiene una buena calidad de vida el máximo tiempo posible. AniCura Glòries Hospital Veterinari cuenta con un oncólogo diplomado ejerciendo de forma presencial y con un equipo de cirujanos con gran experiencia en cirugía oncológica para dar la mejor calidad asistencial a este tipo de pacientes.

[1] Theilen GH, Madewell BR: Tumors of the skin and subcutaneous. Veterinary cancer medicine, Philadelphia, 1979, Lea & Febiger, pp 123-191.

Fuente: AniCura.

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