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El estímulo sensorial que las mascotas ofrecen a los niños
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El estímulo sensorial que las mascotas ofrecen a los niños

Muchas cosas del mundo de los niños ofrecen posibilidades para entender similitudes y diferencias; los animales tienen una gran carga de información. Los niños se sienten atraídos, pues las mascotas les ofrecen una forma de experimentar el mundo físico y el mundo social. ¿Qué está vivo y qué no lo está? ¿Qué es humano y qué no lo es? Los animales de peluche son suaves, pero estos no responden al tacto.

Los investigadores Aline y Robert Kidd trabajaron con bebés de seis a treinta meses de edad para observar su manera de relacionarse con un gato o un perro de pilas, y también con sus propios perros y gatos; descubrieron que los niños producían más ruidos y alabanzas y preguntaban mucho más a los animales vivos que a los de juguete. Al dejar en una sala a bebés de nueve meses junto con sus mamás, primero en presencia de una mujer desconocida, luego de un conejo y después de una tortuga animada de madera, los niños en su inmensa mayoría prefirieron al conejo. Es más, prefirieron al conejo antes que a sus mamás y se arrastraban por el piso tratando de alcanzarlo.

Se concluye entonces que la influencia de las mascotas en el desarrollo de los menores se presenta más que todo en materia de desarrollo motriz, cognoscitivo y social.

Además del estímulo sensorial que las mascotas ofrecen a los niños, si el animalito está bien adiestrado, le proporcionará un mayor sentido de seguridad, cariño y afecto, sobre todo en aquellos niños cuyos padres se encuentran demasiado ocupados en sus rutinas diarias y no pueden ofrecer a sus hijos todo el afecto y el tiempo que ellos requieren; mientras que la mascota siempre lo escuchará y tendrá mayor tiempo disponible para jugar.

Los pequeños se apegan mucho a sus mascotas, a veces tanto como a sus padres, y se refieren a ellas como a miembros de la familia. Los niños en edad preescolar creen que los animales los escuchan, los comprenden y les comunican sus sentimientos. De hecho, algunos estudios han demostrado que los niños de tres años creen en la reciprocidad del amor que sienten por sus mascotas.

Cuando los niños de primaria clasificaron sus relaciones más significativas, las mascotas recibieron los puntajes más elevados por entrañar las más significativas posibilidades de estar presentes. En otra investigación, se pidió a niños de tercero de primaria que nombraran sus cinco relaciones principales y mencionaron a los perros y a los gatos con tanta frecuencia como a sus padres, anotando, además, que consideraban que los animales los reconfortan más que un amigo, cuando están asustados o enfermos.

Se demostró que también en una región de Colombia azotada por la violencia, la población que tenía mascotas presentaba los niveles más bajos de trastornos postraumáticos por estrés.

Los niños reciben muchos cuidados, orientaciones y protección, pero pocas veces tienen la oportunidad de retribuir, a menos que sean los responsables de su propia mascota. Un momento de importante transición en el desarrollo de un joven ocurre cuando empieza a depender menos de sus padres y, mediante sus propios esfuerzos, logra tener una sensación de dominio. Cerca del 99 por 100 de los menores de tres a trece años manifiesta su interés por tener una mascota. Pero eso no quiere decir que este mismo porcentaje de niños deseé realizar las desagradables tareas de recoger los excrementos del perro o cambiarles la arena a los gatos; sin embargo, lo único cierto aquí es que si no lo hacen, no reciben todo el beneficio que se genera a través del vínculo afectivo con sus mascotas.

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