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El principio de Premark y el de Timberlake

El principio de Premark y el de Timberlake
Cuando uno se pone a profundizar en los principios científicos que rigen el aprendizaje de los animales, lo primero que le sorprende es descubrir el mucho tiempo que se tomó la ciencia para establecerlos y lo mucho que, una vez descubiertos, tardan en alcanzar a los propietarios de animales, que parecen seguir aplicando, de forma intuitiva, las técnicas (que recogen la “sabiduría popular” transmitida de boca en boca, probablemente desde el origen de la domesticación de los animales) para enseñar y motivar a sus perros.



Éste es el caso que nos ocupa hoy. David Premack es un científico (todavía vivo) que ha dedicado su vida al estudio del aprendizaje, motivación, el lenguaje de los chimpancés y el desarrollo social de los animales. Entre 1959 y 1965, estudiando a los monos Cebus, formuló el principio que lleva su nombre (antes de ayer como aquél que dice) y que también se conoce con el nombre de teoría del valor relativo, que es de gran utilidad para explicar el proceso de aprendizaje en los animales (perros y humanos incluidos, por supuesto).



EL PRINCIPIO DE PREMACK

Básicamente el principio de Premack pone de relieve que: podemos utilizar un comportamiento que un individuo (perro/persona) ofrece con una alta probabilidad (frecuencia) para reforzar un comportamiento que se presenta con una baja probabilidad (frecuencia). Ésta es una sencilla y poderosa herramienta que deberemos tener muy presente en el adiestramiento o en las terapias de modificación del comportamiento, en especial si deseamos enfocar en positivo el adiestramiento de nuestro perro.



Este principio tan básico nos exige, en primer lugar, conocer muy bien a nuestro perro, saber qué es aquello que está más motivado a hacer y utilizarlo en nuestro beneficio a la hora de su adiestramiento. En cualquier situación hay algún comportamiento que tiene mayor probabilidad de ocurrir que otro y esto es lo que deberemos tener en cuenta para controlar su secuencia de presentación y poder así utilizarlo a nuestro favor, tanto para adiestrar a nuestro perro como para modificar cualquier comportamiento no deseado.



Si lo que más motiva a nuestro perro es salir a dar un paseo a la calle, podemos utilizarlo como premio por responder a la orden “sienta” (o a una serie de ejercicios de obediencia). Si lo que más motiva a nuestro perro es comer, podemos pedirle que venga a nuestro lado en dos o tres ocasiones antes de permitirle finalmente el acceso a su comida. Es posible que estar echado a nuestros pies, mientras trabajamos con el ordenador, sea lo que nuestro perro prefiere hacer al final del día y podemos permitírselo como premio por haberse estado tranquilo durante la sesión de cepillado (que es algo que no le entusiasma).



Cada comportamiento tiene un distinto valor como reforzador dependiendo del momento. Para determinar si una situación/comportamiento reforzará otra, tan sólo necesitamos conocer el valor relativo de cada una de ellas (una buena medida para establecerlo es observar el tiempo que nuestro perro dedica a cada una de las actividades que deseamos utilizar como reforzadores, si se le da la oportunidad de disfrutar de ellas al mismo tiempo).



De entre dos respuestas que nos ofrezca el perro, la más probable reforzará a la menos probable. Una sencilla aplicación de este principio básico, que deberíamos realizar todos los días y que nos sorprenderá por sus resultados, es pedir a nuestro perro o cachorro que se siente, en cada ocasión, antes de ponerle el cuenco de comida con su ración. En pocos días, podremos comprobar, con una amplia sonrisa en nuestro rostro, cómo el perro/cachorro nos ofrece una respuesta rápida y precisa a la orden “sienta”. Es el modo más claro y más sencillo de comprobar que el aprendizaje puede ser muy rápido y sencillo, tanto para el maestro como para el alumno, si somos metódicos y sistemáticos en la aplicación de los principios básicos del adiestramiento si los conocemos y nos esforzamos un poquito por aplicarlos (comprendiendo su valor).



Evidentemente, nada es eterno, con ello queremos referirnos a que estos motivadores no son permanentes y cambian a lo largo del tiempo (diríamos que incluso a lo largo del día), algo que también necesitamos entender y conocer para poder utilizar en nuestro beneficio. Por ejemplo: si nos pasamos todo el día de paseo por la calle, llegará un momento en el que el comportamiento que con una mayor probabilidad quiera ofrecernos nuestro perro sea beber, algo que también podremos utilizar para reforzar un comportamiento que ocurre con una probabilidad (frecuencia) más baja (responder a la llamada, por ejemplo) pero es que después de beber durante un rato, hasta prácticamente saciarse, es casi seguro que el comportamiento que con mayor probabilidad quiera ofrecernos el perro sea el de comer, que podemos utilizar para reforzar otros menos probables: “sienta”, “quieto”, “echa”, “quieto”, “fin”… y luego le damos su comida y un merecido período de reposo.
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